El secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Markwayne Mullin, enfrenta su primera gran crisis tras la muerte de tres personas en incidentes con agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en menos de una semana.

Redacción
El secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Markwayne Mullin, enfrenta su primera gran crisis tras la muerte de tres personas en incidentes con agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en menos de una semana.
Mullin, quien asumió el cargo luego del despido de Kristi Noem, había prometido un estilo más discreto y menos confrontacional en la aplicación de las políticas migratorias del presidente Donald Trump.
Sin embargo, los recientes hechos devolvieron al DHS a los titulares y pusieron a prueba su capacidad de equilibrar las exigencias de la Casa Blanca con las críticas del Congreso y la opinión pública.
Contraste con su antecesora
Kristi Noem impulsó un enfoque agresivo, acompañando redadas y pronunciándose públicamente sobre operativos polémicos.
Mullin, en cambio, inició su gestión con visitas a zonas afectadas por desastres naturales y evitó protagonismo en operativos migratorios.
Bajo su dirección, el ICE se retractó de planes como usar almacenes para retener migrantes, aunque los arrestos masivos continúan.
Los incidentes recientes
En Houston y Maine, agentes del ICE dispararon contra personas dentro de sus vehículos.
En Florida, un hombre murió en un accidente automovilístico mientras huía de agentes.
Tras las críticas, Mullin ordenó suspender la mayoría de las detenciones de vehículos, aunque Trump contradijo la medida en redes sociales, defendiendo las paradas de tráfico como herramienta esencial.
Reacciones políticas
Demócratas como Seth Magaziner y Joaquin Castro acusaron al DHS de no haber cambiado realmente su enfoque y de mantener prácticas abusivas.
Republicanos como Andrew Garbarino defendieron a Mullin, destacando su intento de modificar el ambiente dentro del departamento.
Analistas como Tom Warrick señalaron la dificultad de cumplir simultáneamente con las metas de deportación masiva y mantener la confianza pública.
El dilema de Mullin
El secretario se encuentra en una posición delicada:
Presión presidencial para mantener altos niveles de deportaciones.
Críticas legislativas por el uso de fuerza letal en operativos.
Expectativa pública de un enfoque menos violento y más transparente.
Aunque Trump lo ha elogiado como “increíble” y “asombroso”, las muertes recientes han reavivado tensiones y cuestionamientos sobre el rumbo del DHS bajo su liderazgo.